Tras unos días de viaje y total alejamiento de la actualidad,aceptando como única la de la Roja en su períplo triunfal por los parajes de infinita libertad y belleza que les fueron negados a Mandela, me despierto con una noticia en el Público : Un mapa invadido por gaviotas en 2011, que me devuelve a la más crudas de las realidades, leo que los de Génova se van a dedicar a clavarnos en nuestras comunidades como muñecos de vudú bajo la imagen de las gaviotas transfiguradas en vampiros por mor de la pasión y ávido deseo de sangre.
Reconozco que mi terror al vampirismo supera ampliamente al supuesto atractivo romántico, masoquista en mi opinión, con que a algunos sugiere esa mitología de vivir de la sangre de los demás, imagen que yo , en mi cortedad de miras, quizás, identificaba hasta ahora con la de los poderosos y parásitos viviendo de los más débiles. (Leer más )
Se me ocurre que con unas sencillísimas explicaciones didácticas y realistas sobre la realidad económica y las medidas adoptadas por imposición o “consenso internacional “, filón explotado por los vampiros que no sólo se nutren de nuestra sangre sino que invitan al festín a inversores internacionales voceando que España va a la quiebra sin remedio.
Bastaría que se explicara sencillamente que esta situación de nuestros pueblos, y familias son tan extendidas que ningún país ha logrado librarse de ella, que la tremenda crisis no la inventó ZP, que mientra en los países de nuestro entorno gobiernos y oposición trabajan juntos para salvar sus países del desastre, en el nuestro, figuras tan “prominentes” como un exPresidente, Aznar y el eterno segundo, Pulidor, digo Rajoy, critican cualquier solución que proponga el gobierno, aunque la comunidad internacional las considere valientes y necesarias.
En una palabra, para dar un giro a la opinión pública, hay que crear opinión pública; eso si queremos salvar el estado del bienestar, propio de nuestro país y de los países europeos.
Si eso no llega y los vampiros comienzan a hacerse con parcelas de poder, por lo que más quieras, reloj, deten tu camino.











¿Y a dónde fuistes de viaje, a Surennes?, ¿o a Sitges?…
Aún recuerdo las enormes bandadas de gaviotas que sobrevolaban las cargas y descargas de los barcos que, provistos de su correspondiente y preceptivo certificado de arrumazón (¡tócate los coj…con el palabro), estibaban en Lanzarote harinas de pescado de lo más pestilente.
En la parábola, la gaviota es la gaviota, pero el rojo clavel asido a un puño sudoroso, con tanta carga impositiva y tanto arrumazón al guano y al Botín, apesta y provoca que da azco.
No veo parabolas, claveles ni botines; debo haber utilizado el sistema de escritura automática.