De la genial película de Alfred Hitchcok, “Los Pájaros”, me he encontrado con una crítica en el interesante blog CINEYCINEFILIA que no me he podido resistir a copiar literalmente.
De la interpretación simbólica que el autor hace del extraño comportamiento y/o rebelión de las aves, he recogido los párrafos finales porque por alguna extraña razón, me parece haber encontrado, por casualidad, una interpretación bastante plausible de hechos que están ocurriendo a nuestro alrededor y que sin ayuda de un particular oráculo, sería del todo imposible descifrar; sólo tienen que ponerles los nombres que tienen en la punta de lengua a los personajes, dejarse llevar por la imaginación y el puzzle se completará ante sus ojos.
Si nos atuviéramos estrictamente a lo simbólico encontraríamos, sólo por lo anterior, una gran riqueza en esta película de Hitchcock. Están relacionados con la espiritualidad, el alma, la imaginación, considerados mensajeros, con connotaciones secundarias según la característica de su vuelo, color y especie.
Sin embargo, en la película, además de estas elucubraciones, se provocan otras preguntas. En algún momento sobrevuela la idea más que vigente del cambio climático y de la devastación de la naturaleza por parte del hombre como explicación posible para el comportamiento de los pájaros. Ésta tiene la pretensión de ser casi racional y científica; se da en un lugar de reunión social, el restorán del pueblo, propicio para la discusión y el choque de ideas. Así otros personajes enuncian otros puntos de vista; es el fin del mundo, declara un apocalíptico; la responsable es la recién llegada, protagonista de la historia, ya que desde que está allí el comportamiento de las aves sufre este cambio, afirma una supersticiosa y temerosa señora. Aquí me detendré para regresar a lo planteado antes, las preguntas: ¿qué fuerzas no naturales ni lógicas pueden estar dirigiendo la conducta de los pájaros? ¿Quién o quiénes podrían ser verdaderamente responsables por tal comportamiento?
Parece ser cosas de mujeres, de por lo menos tres, de fuerte carácter dominante.
Nos enteramos que la frustrada maestra del pueblo ha tenido un romance un tanto sórdido con el protagonista, un abogado soltero y algo mujeriego. Su final será el más fatídico. La relación ha concluido con la intervención de la madre, recientemente viuda y posesiva con sus hijos. Su actitud desembocará en pasividad, por lo menos externa, señal de su decadencia. A la vez aparece una rubia adinerada y caprichosa, habituada a conseguir lo que quiere. Es la primera víctima de estos ataques, despertará los celos de la primera, la suspicacia de la segunda, el enamoramiento del abogado y el apego de su hermana.
Vista de este modo, la lectura del film se encamina a relacionar lo que posee de simbólico con la psicología de este triángulo femenino, una guerra de sentimientos pasionales, en la que se lucha violentamente por conquistar espacios, empezando desde lo alto.

